Para los mineros de Chile.
> Sólo tu me comprendes compañero
> tu bajaste a la mina
> eres minero.
>
> Mineros somos todos aquí arriba
> robaremos la luz para vosotros
> compañeros.
>
>
> Quiero sentir la lluvia en mis mejillas
> la brisa de tu pelo, tu mirada
> atravesar de tu boca la orilla
> con tu calor en la fria madrugada.
> Aquí espero mientras rompen la roca
> soñando con tus labios de minero
> las lágrimas inundaron mi boca
> que sólo sabe ya decir : te quiero.
> He oido tu voz al otro lado
> estoy vivo Señor,
> y no enterrado.
>
> Esperando de Lázaro el milagro
> ya no es sorda mi espera,
> hacia tí elevaré mis brazos largos
> al comenzar esta nueva primavera.
>
>
> Treinta y tres pares de brazos
> en la mina San José
> se alzan al cielo con fé.
>
> y Dios les dice:lo sé
> cuando mi hijo subió al cielo,
> también tenía treinta y trés.
>
>
> >
Aqui, en este blog, o en el de puerta al futuro y camino al infinito, muestro lo que soy,lo que me gusta y todo aquello que llena mi vida de un modo u otro...La vida es una sucesión finita de momentos...Cuando pinto soy Yosune, cuando opino y escribo soy Carixena y siempre, siempre soy Piti para aquellos a los que quiero.
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jueves, 24 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
El DEDO (María Jesús- Carixena)
EL DEDO
Su esposa, el amor de su vida, se va, tuberculosa, con veinticuatro años. Lo ha intentado todo. Compró medicamentos a precio de oro, la ha llevado a todas partes, en un intento fallido de engañar a la muerte. Tiene una niña pequeña enferma también. Está comido de deudas y desesperado, porque todo ha sido inútil. La ve morir, poquito a poco, consumida en un fuego intimo que no puede entender. Amándola sin tregua, desesperadamente.
Es minero. Su vida en la mina empezó con nueve años acompañando a su madre a las escombreras, con cestos de carbón sobre la cabeza, más tarde “guaje”, luego picador, el mejor sin duda alguna. Cambia de mina por dos reales más al día. Caminatas de kilómetros para llegar al trabajo, alpargatas y madreñas por calzado. Al final dos relevos seguidos para lograr un dinero que no lo va a sacar de la miseria…solo la orquesta le da un respiro. El ama la música y cuando toca los domingos, el cielo es más claro y su universo se aligera.
La idea le ronda la cabeza, le obsesiona. Está en el tajo. Lo piensa otra vez. La decisión es firme. El hacha de entibar desciende inexorable. Su dedo pulgar cae, rebota y se pierde en la negrura del pozo, despojo sangriento de un precio, luego…grita.
Con su dedo se fueron las cadenas. Aseguró un mínimo vital para su hija, compró su libertad con sangre. Su horizonte es más amplio y su porvenir se coloca a mil dedos de distancia.
CASTILLETE DE UNA MINA (María Jesús- Yosune. acuarela)
Son como el dedo acusador de la tierra que se levanta al cielo en un gesto admonitorio de advertencia, son la constancia de la avaricia del hombre a costa del sudor de otros hombres, sin importar el precio en sangre, el precio en dolor, solo indiferencia. Ahora testigo mudo de la decadencia de un sistema , espero que no del pueblo que los levantó desde las mismas entrañas de la tierra

domingo, 13 de marzo de 2011
HORTENSIA (María Jesús-Carixena)
HORTENSIA
Hortensia va a la huerta, Hortensia lava en el río, Hortensia cata las vacas, Hortensia hace la comida…Solo tiene siete años. Su padre fue minero, sindicalista y pobre. Apareció muerto un primero de Mayo. Su cadáver cosido a puñaladas se encontró en La peña, un pueblo cercano a su casa. Tenía la cara tapada con la boina, en un gesto macabro de respeto. Jamás se supo quien lo hizo.
Sus hermanos están en la Argentina, todos. Marcharon con catorce, dieciséis y dieciocho años, en busca de mejor fortuna. Solo los volvió a ver otra vez en su vida. Entre su madre y ella llevan la menguada hacienda; sin más pensión ni salario que su propio sudor, sacando también adelante a una hermana un poco cortas de entendederas que apenas sabe colaborar.
Hortensia ara, Hortensia labra,… cuida de cinco hijos. Es la esposa de un minero, iluso, republicano, socialista y pobre. Luego la revolución de Octubre, después la guerra, mas tarde la resistencia en el monte. Para acabar enfermo en un zulo, cavado de noche bajo el hórreo, escondite negro para salvar la vida y que al final te la roba. Al fin y como destino inexorable: la cárcel, antesala de una muerte cierta.
Hortensia sigue, sigue, y sigue, con el dolor de ser la madre de un minero socialista, soñador y pobre. Le consume la impotencia de no haber podido mejorar la condición de su hijo. Pero no importa, el rompe sus cadenas y se va a una nueva vida envuelto en una música que solo escucha.
Hortensia tiene noventa y dos años. Hija esposa y madre de mineros al fin descansa. Era mi abuela.
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